En su "Breve tratado de arte involuntario", Gilles Clement hace (y él usa la palabra) un "intento" de clasificación de diferentes categorías de lo que él llama el arte involuntario. Entiendo que este arte involuntario, por escucharlo y leerlo en otras publicaciones, es en sí mismo el paisaje: el paisaje como hecho real, como todo lo que existe, como todo lo construido, como todo lo que ES: es materialmente, es en nuestro imaginario, es en la construcción sensorial de la experiencia continua de un lugar o varios lugares que hacen a un lugar y su "esencia" (lo último capaz es un tinte mío...)
Porque siempre termino obsesionada por esto que llamo la identidad de un lugar. Más allá de intentar describir un lugar, intento aprehenderlo: no comprenderlo, sino de alguna manera absorberlo en experiencia propia, llegar a sentir (no entender) su esencia, lo que “Es”... porque creo que importa. Importa si uno esta haciendo cosas en el! Importa porque trabajo en un lugar, en un paisaje. Importa porque voy a intervenirlo. No solo teóricamente importa, de hecho capaz si no fuese a diseñar ‘sobre el’, estaría pensando en otra cosa. Es decir: me importa esta teoría porque voy a ejercer acción sobre un lugar, y antes de agarrar un lápiz y hacer una grilla, o encapricharme con algún concepto estético a la moda, o seguir algún instinto momentáneo de diseño, me pregunto: en donde estoy? En donde va a estar plasmada esta intervención?. Que es este lugar? que le viene bien a este lugar? Que necesita este lugar de mi diseño? Que pide? Que soporta y que lo mata? Que cambios aportan a su identidad y lo hacen mas fuerte (no necesariamente mas “lindo”), y que cambios arrasan con su identidad? Por esto mismo es que me importa no entender, comprender, describir, sino aprehender, sentir, que me “entre la idea al cuerpo”: de lo que es este lugar en si mismo.
Y justo me cruzo con Clement que tiene esta teoría de paisaje amplia, contemporánea, sensible… También me agarro de lo que me dejó impreso en el alma las “Conversas do arqueólogo” de Glissant… encares a la morfología de los lugares como construcción de una cultura en si misma: entender las lógicas y los ritmos,
Y justo me cruzo con Clement que tiene esta teoría de paisaje amplia, contemporánea, sensible… También me agarro de lo que me dejó impreso en el alma las “Conversas do arqueólogo” de Glissant… encares a la morfología de los lugares como construcción de una cultura en si misma: entender las lógicas y los ritmos,
los movimientos y las realidades de un lugar físico para también entender a las personas (y no personas) que habitan el lugar;
“Paisaje, en mi opinión, se refiere a lo que se encuentra por debajo del alcance de nuestra mirada. Para los ciegos, es lo que está bajo el alcance de todos los demás sentidos”. A la pregunta “que es el paisaje?”, podemos responder: aquello que conservamos en la memoria después de dejar de mirar, después de dejar de ejercitar nuestros sentidos en un espacio ocupado por el cuerpo. El paisaje no tiene escala, puede presentarse en lo inmenso o en lo minúsculo, alude a todos los materiales - vivos o inertes -, a todos los lugares, ilimitados o privados de horizonte…” (Clement Gilles, “Jardines paisaje y Genio natural”, Puente editores, Barcelona, 2021).
Si el paisaje es entonces como dice Clement, “eso que queda cuando dejamos de mirar”, es mucho más que algo material, medible, sino que roza los lugares de la consciencia colectiva, memoria cultural, intercambios atemporales… parecidas a las ideas (salvando las miles de distancias pero vale la pena acercarlos en este momento) de Glissant y su Tout-monde (“Todo-mundo”). Si lo seguimos en su idea de que las identidades no se construyen de manera aislada, sino que toda identidad se construye en relación a otras identidades, y lo tejemos con la idea de paisaje “total” de Clement llegamos a lo que personalmente me interesa a mi: acercarme a la identidad de (un) paisaje.
“Paisaje, en mi opinión, se refiere a lo que se encuentra por debajo del alcance de nuestra mirada. Para los ciegos, es lo que está bajo el alcance de todos los demás sentidos”. A la pregunta “que es el paisaje?”, podemos responder: aquello que conservamos en la memoria después de dejar de mirar, después de dejar de ejercitar nuestros sentidos en un espacio ocupado por el cuerpo. El paisaje no tiene escala, puede presentarse en lo inmenso o en lo minúsculo, alude a todos los materiales - vivos o inertes -, a todos los lugares, ilimitados o privados de horizonte…” (Clement Gilles, “Jardines paisaje y Genio natural”, Puente editores, Barcelona, 2021).
Si el paisaje es entonces como dice Clement, “eso que queda cuando dejamos de mirar”, es mucho más que algo material, medible, sino que roza los lugares de la consciencia colectiva, memoria cultural, intercambios atemporales… parecidas a las ideas (salvando las miles de distancias pero vale la pena acercarlos en este momento) de Glissant y su Tout-monde (“Todo-mundo”). Si lo seguimos en su idea de que las identidades no se construyen de manera aislada, sino que toda identidad se construye en relación a otras identidades, y lo tejemos con la idea de paisaje “total” de Clement llegamos a lo que personalmente me interesa a mi: acercarme a la identidad de (un) paisaje.